Ecuador fortalece el monitoreo de la degradación de la tierra mediante la articulación interinstitucional

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Quito, 15 de octubre de 2026.

Del 12 al 14 de octubre de 2026, en la ciudad de Quito, se desarrolló el Taller Nacional de validación metodológica y articulación institucional para el informe nacional a la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), correspondiente al ciclo de reporte 2025-2026, con el objetivo de fortalecer el monitoreo nacional de la degradación de la tierra y articular información estratégica para la toma de decisiones en el Ecuador.

El encuentro se enmarca en el proceso internacional de presentación de informes mediante el Sistema de Examen del Desempeño y Evaluación de la Aplicación (PRAIS, por sus siglas en inglés), mecanismo que permite a los países evaluar y comunicar periódicamente sus avances en la implementación de la Convención. Para Ecuador, este proceso representa una oportunidad para consolidar información nacional sobre el estado de la degradación de la tierra, fortalecer las metodologías de monitoreo y mejorar la coordinación entre las instituciones, academia y organizaciones en la generación y el análisis de datos ambientales, sociales y económicos que se reportan ante la CNULD. La CNULD es un tratado internacional adoptado en 1994, cuyo propósito es combatir la desertificación, mitigar los efectos de la sequía y promover la gestión sostenible de los recursos terrestres e hídricos. En este marco, en 2015 se incorporó el enfoque de Neutralidad en la Degradación de la Tierra (NDT), que busca mejorar la cantidad y calidad de los recursos terrestres necesarios para sostener las funciones de los ecosistemas, los servicios que estos proporcionan y la seguridad alimentaria. Este compromiso se vincula con la meta 15.3 del Objetivo de Desarrollo Sostenible 15, que plantea alcanzar la neutralidad en la degradación de la tierra en el país para 2030.

El proceso de elaboración del informe ecuatoriano es liderado por el Ministerio de Ambiente y Energía (MAE) con el apoyo técnico y financiero de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) e implementado por el Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregión Andina (CONDESAN), en el marco de las actividades habilitantes respaldadas por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés).

El taller nacional reunió a representantes del Ministerio de Ambiente y Energía, Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología, Instituto Nacional de Biodiversidad Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias, Universidad Nacional de Chimborazo, Escuela Superior Politécnica de Chimborazo, Universidad Indoamérica, Universidad Regional Amazónica IKIAM,  Universidad Central del Ecuador, Consorcio de Gobiernos Autónomos Provinciales del Ecuador y la Prefectura de Imbabura para revisar metodologías, validar información y generar aportes técnicos para el informe nacional que Ecuador presentará ante la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD).

Daysy Cárdenas, directora de Adaptación al Cambio Climático del Ministerio de Ambiente y Energía, inició el taller con unas palabras de apertura enfatizando que la elaboración del informe nacional a la CNULD representa una oportunidad que va más allá del cumplimiento de los compromisos internacionales del Ecuador. Este proceso permite evaluar la información científica y técnica disponible sobre la degradación de la tierra, la sequía, las condiciones de vida de la población, la biodiversidad y los recursos destinados a enfrentar estos desafíos.

“Destacamos la importancia de contar con una base técnica sólida y promover un proceso participativo que articule a las instituciones responsables de generar información ambiental, meteorológica, socioeconómica, productiva y territorial, así como a la academia y los diferentes niveles de gobierno” mencionó Daysy.

Para Cecilia Ponce, coordinadora de proyectos para FAO Ecuador, el informe constituye una herramienta clave para conocer el estado de la degradación de los suelos en Ecuador, cumplir los compromisos internacionales y orientar decisiones de política pública basadas en evidencia. Además, permite visibilizar las conexiones entre la degradación de la tierra, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.

“El acompañamiento técnico de la FAO contribuye a actualizar metodologías, compartir herramientas y fortalecer las capacidades nacionales para generar información confiable y mecanismos de reporte participativos. La articulación con CONDESAN permite consolidar conocimientos y capacidades existentes, promoviendo la continuidad, replicabilidad y escalabilidad de estos procesos en el país”. Sostuvo Cecilia.

Eric Metzler, Especialista de Monitoreo del proyecto Neutralidad de la Degradación de la Tierra (NDT), presentó avances significativos en el desarrollo de un modelo para el monitoreo nacional de la degradación de la tierra en Ecuador. Asimismo, destacó la importancia de articular el monitoreo a múltiples escalas con la participación de la academia, como actor clave en el desarrollo metodológico y la validación técnica, en el marco del Observatorio Nacional de la Degradación de la Tierra (ONDT).

“Evaluar la degradación de la tierra es fundamental para visibilizar su magnitud y priorizar las zonas que requieren intervención urgente mediante el manejo sostenible. Se trata de una temática compleja que exige un enfoque transdisciplinario respaldado por una red académica que articule capacidades y genere conocimiento específico para el contexto del Ecuador” destacó Eric.

Cinco objetivos estratégicos para orientar la gestión sostenible de la tierra

Durante el taller se abordaron los cinco Objetivos Estratégicos de la CNULD, que permiten organizar la información nacional y evaluar los avances del país frente a los desafíos de la degradación de la tierra, la sequía y la conservación de los ecosistemas.

El Objetivo Estratégico 1 (OE1) busca mejorar el estado de los ecosistemas afectados, combatir la degradación y promover la gestión sostenible de la tierra. Su análisis contempla indicadores relacionados con la cobertura terrestre, la productividad de la tierra, las reservas de carbono orgánico del suelo y la proporción de tierras degradadas. Estos datos son fundamentales para identificar cambios en el territorio, reconocer zonas que requieren atención y orientar las decisiones de conservación y restauración.

El Objetivo Estratégico 2 (OE2) se enfoca en mejorar las condiciones de vida de las poblaciones afectadas. Considera información socioeconómica, como las tendencias de la pobreza, el acceso al agua potable y la población expuesta a la degradación de la tierra. Su importancia radica en reconocer que el deterioro de los recursos naturales también puede comprometer el bienestar de las comunidades y sus medios de vida.

El Objetivo Estratégico 3 (OE3) busca mitigar, gestionar y adaptarse a los efectos de la sequía para aumentar la resiliencia de las poblaciones y los ecosistemas vulnerables. Para ello, contempla información sobre la intensidad de la sequía, la población expuesta y la vulnerabilidad frente a este fenómeno. Estos indicadores contribuyen a comprender los riesgos y fortalecer la planificación ante eventos que afectan la disponibilidad de agua, la producción y los ecosistemas.

El Objetivo Estratégico 4 (OE4) apunta a generar beneficios medioambientales globales mediante la aplicación efectiva de la Convención. Incluye indicadores relacionados con las reservas de carbono, el estado de determinadas especies y la cobertura de áreas protegidas en lugares importantes para la conservación de la biodiversidad. Su seguimiento permite vincular la gestión sostenible de la tierra con la conservación de la biodiversidad y la generación de beneficios ambientales.

Finalmente, el Objetivo Estratégico 5 (OE5) promueve la movilización de recursos financieros y no financieros para apoyar la implementación de la Convención. Este objetivo es relevante porque la implementación de medidas para enfrentar la degradación de la tierra requiere financiamiento, capacidades técnicas y alianzas entre instituciones y sectores.

La revisión conjunta de estos cinco objetivos permitió comprender la degradación de la tierra desde una perspectiva integral, relacionando el estado de los ecosistemas con el bienestar de la población, la gestión del riesgo climático, la conservación de la biodiversidad y los recursos necesarios para sostener las acciones.

Lilian Maila, Consultora para el desarrollo de actividades de preparación del informe nacional a la CNULD de Ecuador para el ciclo 2025-2026 y su presentación a través del PRAIS, presentó los avances metodológicos y los resultados del modelo mejorado correspondiente al Objetivo Estratégico 1 (OE1), así como el abordaje metodológico aplicado a los demás Objetivos Estratégicos. Durante su intervención, la especialista destacó el valor fundamental de las mesas de trabajo y los espacios de discusión técnica, enfatizando que los aportes, criterios e insumos recopilados de los actores institucionales y académicos son clave para fortalecer la precisión, representatividad y calidad del informe final que Ecuador presentará a la comunidad internacional.

“La valiosa información y los criterios proporcionados por cada uno de ustedes —desde las instituciones hasta la academia— son indispensables para enriquecer la calidad y robustez del informe nacional” sostuvo Lilian.

En la primera jornada de trabajo técnico y articulación institucional, se centró en el Objetivo Estratégico 1. Luego de la apertura institucional y la presentación del proceso de reporte nacional ante la CNULD, el equipo técnico de CONDESAN expuso las metodologías del modelo mejorado para Ecuador, desarrollado a partir de una colaboración con la Red Mundial de Enfoques y Tecnologías de Conservación (WOCAT).

Desde la academia, Carlos Maldonado, docente de la Universidad Nacional de Chimborazo (UNACH), resaltó la importancia de conocer y revisar las metodologías utilizadas para calcular la degradación de la tierra en Ecuador. Explicó que desde la UNACH se desarrolla investigaciones y se levanta información en territorio, en coordinación con CONDESAN y otros actores, contribuyendo a comprender las condiciones ambientales de zonas especialmente afectadas, como la provincia de Chimborazo.

El docente enfatizó que la degradación de la tierra es una problemática que involucra a todo el país y que requiere una participación activa de las universidades, mediante investigaciones, monitoreo y generación de conocimiento.

“El valor de los geoportales y de los datos abiertos desarrollados en el marco de estos esfuerzos, facilitan el acceso a información para la planificación y la toma de decisiones. Es esencial impulsar la transferencia tecnológica y compartir estos conocimientos con las entidades responsables de la gestión ambiental, productiva y territorial, así como con las comunidades y organizaciones locales”. Sostuvo Carlos.

Las presentaciones abordaron la cobertura terrestre, la dinámica de la productividad, el carbono orgánico del suelo, la erosión hídrica potencial como indicador complementario y la proporción de tierras degradadas. Posteriormente, se desarrollaron mesas de trabajo participativas para revisar las metodologías y los resultados de los indicadores de productividad de la tierra y proporción de tierras degradadas.

El análisis se organizó en grupos con enfoques territoriales de la Amazonía, el litoral seco y la región altoandina. Este ejercicio permitió generar un espacio para examinar los resultados, identificar posibles zonas críticas y áreas con tendencias favorables, y discutir posibles falsos positivos o negativos en la identificación de tierras degradadas.

En el día dos sobre “Análisis de las condiciones de vida, la sequía, la biodiversidad y los recursos” la jornada estuvo dedicada a los Objetivos Estratégicos 2, 3, 4 y 5. Se presentaron las metodologías y los insumos previstos para reportar información sobre las condiciones de vida de las poblaciones, la exposición y vulnerabilidad frente a la sequía, los beneficios ambientales y la movilización de recursos.

Esta jornada destacó la necesidad de articular información procedente de diferentes sectores para contar con una visión más completa de los efectos de la degradación de la tierra y de las capacidades nacionales para enfrentarla.

Adriana Guzmán, docente de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (ESPOCH), valoró el taller como un espacio productivo para intercambiar conocimientos y contribuir al fortalecimiento de las metodologías empleadas en el monitoreo de la degradación de la tierra. Desde su experiencia académica, aportó en el taller temas relacionados con la hidrología y la erosión hídrica potencial, aspectos que permiten ampliar la comprensión de los procesos que afectan a los suelos y a los ecosistemas.

Ella compartió su preocupación por la coincidencia que ha observado entre provincias con altos índices de desertificación y territorios que también presentan importantes desafíos socioeconómicos, como es el caso en la Provincia de Chimborazo. Esta relación evidencia la importancia de comprender no solo el estado de los ecosistemas, sino también las condiciones de vulnerabilidad de las comunidades que habitan estos territorios. A su criterio, este diálogo permite contrastar fuentes de información, conocer metodologías desarrolladas por distintas instituciones y mejorar los análisis existentes.

“Es de mucha importancia fortalecer la resolución y pertinencia territorial de los datos, así como de socializar la información para que pueda ser utilizada por quienes planifican e implementan acciones en el territorio”, mencionó Adriana.

Al cierre de la segunda jornada, se desarrolló un espacio dedicado a la presentación de la propuesta metodológica y el avance en la definición de las Metas Voluntarias de NDT. Durante este bloque, los participantes se organizaron en mesas de trabajo grupal para analizar, validar y retroalimentar los cuatro grupos de presiones planteados: A) Transformación de coberturas (expansión de usos antrópicos y fragmentación), B) Presión agropecuaria (intensidad de uso sobre la capacidad de recuperación), C) Sobreutilización y manejo (extracción y prácticas que intensifican el deterioro) y D) Incorporación de contaminantes (sustancias que alteran propiedades químicas y biológicas). Este ejercicio participativo permitió recopilar criterios técnicos sobre los respectivos indicadores e insumos propuestos para ajustar y consolidar las metas del país.

Finalmente, en el día tres, la jornada se concentró en las perspectivas de fortalecimiento del monitoreo nacional y la coordinación institucional necesaria para los próximos ciclos de reporte.

Se presentó una propuesta conceptual del Sistema de Monitoreo Nacional de la NDT y se analizaron alternativas para mejorar la información sobre cobertura terrestre, incluida la actualización de mapas y los mecanismos de apoyo interinstitucional. También se revisaron opciones para el monitoreo de la productividad de la tierra y el reemplazo futuro de imágenes satelitales MODIS, así como experiencias de investigación relacionadas con los afloramientos edáficos y rocosos.

Adicionalmente, se discutió una propuesta de estructura para establecer un sistema nacional de monitoreo de la NDT con la participación del Observatorio Nacional de la Degradación de la Tierra (ONDT), a través de un grupo de trabajo académico en Sistema de Información Geográfica para la generación de indicadores nacionales de la degradación de la tierra.

Este componente resulta estratégico para avanzar hacia un seguimiento más sistemático de los cambios en el territorio y fortalecer la disponibilidad de información robusta para la planificación ambiental y la toma de decisiones.

Santiago Bonilla, coordinador del Centro de Investigación para el Territorio y Hábitat Sostenible de la Universidad Indoamérica, destacó la relevancia del proceso de reporte nacional tanto para el cumplimiento de los compromisos asumidos por Ecuador ante la CNULD como para el bienestar de las personas que habitan y dependen de distintos ecosistemas, incluidos los bosques y los espacios urbanos. En este contexto, resaltó el papel de las universidades en la generación de conocimiento, la investigación y la innovación, así como en el desarrollo de metodologías que contribuyan a mejorar el monitoreo y los procesos de restauración. También señaló la importancia de formar profesionales con capacidades para promover el manejo sostenible de la tierra y responder a las necesidades ambientales del país.

“Es importante mantener la colaboración entre universidades y entidades públicas para aprovechar los conocimientos disponibles y construir una respuesta conjunta frente a la degradación de la tierra”, sostuvo Santiago.

Resultados

  • Consolidación de observaciones y consensos técnicos sobre las metodologías e insumos del OE1; la recopilación de aportes institucionales para los OE2, OE3, OE4 y OE5; la retroalimentación de las metas voluntarias y su marco de implementación; y la formulación de recomendaciones para mejorar el monitoreo de la degradación de la tierra.
  • Aportar al diseño de la estructura y el modelo de gestión del Sistema de Monitoreo Nacional de la NDT, con el propósito de fortalecer la articulación entre las instituciones que generan, procesan y utilizan información relevante para la gestión sostenible del territorio.
  • La participación del sector público, la academia, los institutos de investigación y los organismos de cooperación constituye un elemento clave para integrar conocimientos, mejorar la calidad de los datos y fortalecer las capacidades nacionales frente a los desafíos ambientales.

Miguel Ángel Lucero, especialista en Cambio Climático del Ministerio de Ambiente y Energía, señaló que la degradación de la tierra es un desafío nacional y mundial, influenciado por factores humanos y climáticos, cuyos efectos requieren respuestas coordinadas y sostenidas. Desde esta perspectiva, destacó la importancia de vincular el proceso de reporte nacional con los instrumentos de planificación y gestión que impulsa el Ministerio de Ambiente y Energía, entre ellos el Plan Nacional de Adaptación, el Plan Nacional de Acción para la Neutralidad en la Degradación de la Tierra y la Conservación del Recurso Suelo, y el Plan Nacional de Sequía.

Asimismo, destacó que la evidencia científica debe trascender los informes y documentos técnicos para convertirse en decisiones, instrumentos y acciones concretas.

“Enfrentar esta problemática requiere superar el trabajo aislado entre instituciones y fortalecer la coordinación entre los sectores ambiental, productivo y de gestión de riesgos, las entidades responsables de la información meteorológica —como el INAMHI— y la academia”, mencionó Miguel.

La Neutralidad en la Degradación de la Tierra es un enfoque que busca mantener o mejorar los recursos terrestres y sus funciones ecosistémicas, evitando que la degradación supere las acciones de recuperación y gestión sostenible. Su implementación requiere información confiable, coordinación institucional y decisiones que integren la conservación ambiental con el bienestar de las poblaciones.

Con este proceso, Ecuador avanza en la construcción de bases técnicas e institucionales para evaluar sus avances en la lucha contra la degradación de la tierra, promover la conservación de los ecosistemas y contribuir al cumplimiento de los compromisos internacionales de desarrollo sostenible.

Elaborado por:

  • Giovanny Cevallos, Especialista de Comunicación – CONDESAN
  • Eric Metzler, Especialista de Monitoreo – Proyecto NDT
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